justo lugar
Literatura
Thursday, June 16, 2011
El exilio voluntario: la marca de los tiempos
El gran mérito de la novela es hacer de algo tan banal, como vivir en un suburbio de los Estados Unidos, ya sea en Virginia, ya sea en Maryland, algo novelable. En ese sentido, la obra da a conocer espacios que para miles de migrantes es conocido, familiar y por tanto, intrascendente. Con el libro constatamos que el país no concluye en los márgenes de una ciudad, al cruzar un lago o un rio trasnacional, sino que se amplía en otras latitudes, en otras ciudades y sus barriadas donde los bolivianos tejen relaciones para recrear una comunidad. Así, la reflexión de la patria, de la cultura nacional, del sujeto boliviano, rebasa fronteras y se mezcla con otras reflexiones, la que le corresponden al surgimiento de la identidad y del sujeto latinoamericano. Son cosas que sabíamos desde hace décadas, pero que ahora se hacen literatura en la obra de Ferrufino, no ya la del exilio político, rabioso, todavía militante, sino aquella del exilio voluntario, carente de grandes propósitos o sagas colectivas, pero repleto de pequeñas épicas cotidianas.
Por lo demás, la novela está hecha de algunos buenos momentos, la aparición-creación de personajes memorables de la marginalidad estadounidense, estableciendo relaciones con la marginalidad del migrante. Después, el inevitable cambio del personaje principal que ve en sí mismo la ampliación de sus lealtades y sus querencias. Sin duda, el punto más bajo del texto es la innecesaria crítica panfletaria de la sociedad estadounidense, tan recurrente y repetitiva en el emigrante nuevo, más afectado por la pérdida afectiva que por la lucidez. La crítica, para que esta sea digna de crédito y efectiva, tendría que hacerse siempre desde adentro y acaso sólo les corresponda a los propios norteamericanos hacérsela (tal es el caso de escritores como J. D. Salinger o Philip Roth, por ejemplo), antes que a los recién llegados o a los nómadas.
Novela cargada de sexo, de la narcisista suma de conquistas y la obsesiva fantasía masculina por marcar con sus fluidos un espacio donde se es invisible, donde el inmigrante solo transita sin llegar fundar. Los personajes buscan pertenecer en la conquista del otro, del cuerpo femenino caucásico, símbolo de la cultura que al mismo tiempo acoge y desprecia al migrante. Lectura entretenida, abrupto final, ahora tiene el hibrido sujeto américo-boliviano donde mirar y reconocer sus pasos, ahora otros conocerán uno más de los lugares hacia donde se ha extendido la patria, la fuga de sus letras.
Monday, January 10, 2011
Lo que varguitas no dijo
Después el libro abunda en el melodrama, los detalles brumosos de una relación que entre tire y afloja, se desmorona. En este sentido, el texto, el reportaje de una relación, se vuelve crudo, se vuelve cruel y doloroso para las partes involucradas, por tanto, es creíble. Tal vez esa la razón para que Lo que varguitas no dijo haya sido sistemáticamente ignorado por las grandes editoriales y empujado casi hacia los márgenes invisibles de la bibliografía sobre el escritor, pues nos presenta a un joven Vargas Llosa de múltiples rostros, demasiado imperfecto, demasiado hombre. Evidentemente, el texto es el testimonio de respuesta a las versiones literarias de la Tía Julia en la obra de Vargas Llosa. Por de más está decir que, como muchos escritores, Vargas Llosa, ha novelado tanto su vida que prácticamente la ha convertido en una ficción, en una formada creación, muchas veces, no del hombre que ha sido, sino del que ha buscado ser.
Hay algunos hechos que me llamaron poderosamente la atención, pues por más que me he esforzado en encontrarlos, no aparecen posteriormente elaborados en la literatura del peruano, tan afecto a hacer de un hecho biográfico (como Hemingway), la piedra fundamental que dé inicio a una historia. Su ausencia me hace pensar que hay tragedias, gestas o miserias demasiado grandes para ser contadas, situaciones que por más que uno se esfuerce, son muy dolorosas para hacerse literatura, tal vez porque son muy recientes, porque sólo le pertenecen a un pueblo o, en este caso, tan solo a una familia. ¿Cuáles son? Las respuestas las encontrará en el libro, pues es precisamente Lo que varguitas no dijo.
Monday, October 25, 2010
Biblioteca del desasosiego

Escribir sobre una biblioteca nunca es fácil. Es redundante, si es que acaso no nos concentramos en una minúscula parte de su estructura o de su caos: un autor, una idea, una utilidad, el sonido de sus puertas en determinadas tardes. Se pueden caer en las repetidas fórmulas, en las repetidas imágenes que ya se han convertido en clichés. La biblioteca como un laberinto, la biblioteca como un espejo, la como un mapa. En fin, cada analogía condensa una elaboración que nos daría para escribir por muchas páginas. Creo que una de las más recurrentes analogías es aquella de la biblioteca como una memoria, puede ser la colosal memoria de la humanidad, la intrincada memoria de una ciudad, la intima memoria de uno mismo, la de márgenes anotados, los versos plagiados, el momento en que un libro se deslizó subrepticiamente y casi sin querer en nuestros morrales.
Me han pedido hablar de una biblioteca. Me cuesta recordar aquel lugar, pues, con el tiempo, me he desecho de las imágenes. Tanto como la nueva literatura, me acobarda la vertiginosa acumulación de fotografías, algunas que sólo nos confirman lo prescindible de nuestros propios rostros o agendas. Así prefiero los mapas, ese monumento de la objetividad que debería ser la representación exacta de la realidad, pero que sin embargo reúnen todo el pasado, todo el deseo, en un supuesto presente de calles, plazas, edificios, que en determinados días se pueblan de personas, de uno mismo en ciertas frías mañanas en un parque, o en plena farra en la barra de una cantina siempre abierta.
Sin más, hoy en mi oficina, en el mapa de una reconocible ciudad, preciso ese punto, la de una librería que me dio la grata felicidad de circular por sus pasillos abiertos. Unos dicen que leen con los ojos, mentira, uno primero lee con los dedos, con el recorrido táctil y desmesurado que uno hace sobre las hojas, sobre los lomos, la textura del papel. ¿Cuánto se gana o cuánto se pierde con el cierre de una biblioteca? En un tiempo de prohibiciones y recortes del sentido, cuando parece restringirse el libre derecho a la lectura y la interpretación de los textos, el poder leer y elegir lo que uno quiere, cuando uno quiere, en el orden que quiere, lo que se pierde es libertad, el incurable desorden donde a golpe de lecturas uno accede a la madurez, es decir, a la capacidad de conformar cada uno su propio relato, a contrapelo de la ciudad, del país y de otros axiomas todavía más deleznables.
Para nosotros para quienes la biblioteca ha sido, quizá no se pierda tanto. Como en el mapa, la biblioteca es constantemente revisada y revisitada, sigue siendo, pues ha sido nuestra, se ramifica en incontables lecturas porque de muchas maneras somos el producto de aquella biblioteca, de aquella que nos abrió sus pasillos en la adolescencia y nos dio una autonomía absoluta, la de pararnos como lectores ante el infinito.
Sin embargo, cuando se va una biblioteca también se va la posibilidad de muchos otros lectores, no del tipo de aquellos que salen todas las mañanas a tomar el sol, a leer el periódico y dejan pasar el mundo ante sus ojos, sino aquella categoría de “lector extremo”, nos indica el escritor Ricardo Piglia, cuando nos habla de aquellos lectores del desasosiego, siempre despiertos, inconformes, incompletos, en constante construcción, pues se dan cuenta de que cada creación (literaria o no), depende también de quien la lee. Estos lectores en determinado momentos buscarán articular lo leído con su entorno, borrando los débiles márgenes entre ficción y realidad, constantemente modificándolos. Así, estos lectores son peligrosos y con el cierre de una biblioteca más de uno estará contento. Por supuesto, en cada biblioteca que se cierra, se encuentra también la certeza de que otra tendrá que abrirse.
Sunday, September 26, 2010
Rueda Tormenta
0-17
Y sobre la tibia piedra gira un cuerpo,
el viento enreda la tenue luz de invierno
y en el fondo incierto de las aguas verdes
siguen las voces de los peces muertos
Vuelve la materia a mirar de adentro
desde aquellos muros gélidos y esbeltos
y el humo pardo detiene el universo
de tus ojos quietos y un nocturno cielo.
De un flotante cieno hacia las sombras
cuando viene en aire en el trueno sueño
de preñadas lanzas, en tu piel la arena
y en la frágil cara de la peña etérea,
cristal y euforia amanece en la distancia.
A veces salgo a la yerba helada y siento
el monte el centro de todo el universo,
a mis espaldas corre un becerro tierno
detrás del tiempo que cae en la torrente.
de Postales de Letrazelandia, 2009.
Monday, March 1, 2010
Mientras...
Escribir para decir nada, escribir para borrar las huellas, escribir para contarte, escribir para cerrar las calles.
De Oscilanción por el Azero, 2004.
Saturday, April 18, 2009
Poéticas de la resurrección : Octavio Paz y el servicio diplomático en Francia
Este trayecto parece un proyecto expansivo, el de encontrar su lugar en un mundo cada vez mas interconectado, al mismo tiempo cada vez más poblado de disparadores, diagnosticadotes de la realidad, codificadores y enterradores del futuro.
A partir del texto de Froilan leo entre líneas, los remanentes de la Ciudad Letrada, el poder de la escritura colonial hábilmente identificado por el crítico uruguayo Carlos Rama, que buscan un espacio en el mundo que ellos mismos ayudador a cambiar con el advenimiento de la pequeñas burguesía a fines del XIX, con el inevitable crecimiento de sus sociedad, con el cambio de cuadros de poder que significó la Revolución Mexicana.
Es un movimiento, de la periferia al centro del poder político, en los países de Latinoamérica, una manera de volver por medio de la estética, la manipulación de los signos, que a partir del siglo XIX tenderán a mostrarse cada vez más vanguardistas, aunque para muchos ésta no se más que una escenificación de su modernidad.
En Paz, en esos años cuando casi era invisible, vemos una constante negociación entre el espacio de lo privado y lo público, que se perciben en las cartas de Paz a sus superiores, a través de las gigantescas redes que la burocracia de la revolución mexicana ha tejido. De alguna manera, vemos que desde la colonia el prestigio alcanzado por la letra no termina por desaparecer, sino que negocia, se camufla con los nuevos detentadores del poder y sus maquinarias culturales, como las anticipadas “moscas” descritas por Mariano Azuela en Los de Abajo, pero que ya habían pululado durante el periodo del porfirato. Es también una vuelta por intermedio de mercado, el oficial mexicano y uno en ruinas que después de la guerra apenas empieza a reconstruirse.
Si en un momento, en la historia de las recién creadas repúblicas latinoamericanas la figura de escritor y político-estadista se encuentran relacionando, sino unidas, con el modernismo poético esta unión parece deslindarse, con la democratización de la cultura, el crecimiento cosmopolita de algunas ciudades. Aunque esto sea parcialmente cierto, en su “estética de bazar” como la denomina el crítico Saúl Yurkevich, percibimos también la angustia de muchos letrados ante esta democratización y ante la banalización de las artes y la vulgarización de sus objetos, insertos ya, en un mercado de masas.
El modernismo, entonces, es también una repotenciación de la palabra, del fetiche de la escritura, una vuelta al arcano, a lo sagrado, aunque esto signifique sumergirse a veces en la decadencia o inestabilidad de la muchedumbre para volver con pleno dominio de sus códigos, con ese lugar poético donde la sensibilidad amenazada por las masas pueda protegerse. A partir de ahí, también continuar siendo sujetos interlocutores de sus países, visionarios, profetas, monjes o místicos en defensa de lo externo, de la desespiritualización de sus sociedades.
A pesar de las aparentes máscaras democráticas del modernismo, muchos de estos poetas, en el fondo, buscaron recuperar el aura y el poder del letrado, el deseo de un regreso al gobierno de los más dotados y sensibles, a las dictaduras ilustradas.
En ese momento era Europa, París, todavía Madrid eran los bulliciosos centros de legitimación de los escritores latinoamericanos, pero en tiempos de Octavio Paz, todo se halla destrozado. Leemos entonces la reconstrucción, en todos los ámbitos, en el político, en el económico, finalmente en el estético, aunque estos tres ámbitos generen desajustes, contradicciones, como el buscar proyectos sociales que incluyan al todo, cuando por otro lado, los proyectos poéticos buscan son la vuelta de individuo, apabullado por los proyectos totalitarios, que son la defensa y erección de su sensibilidad ante las amenazas de la nada, de la muerte, la incomunicación, de la ausencia de futuro que el tiempo de este Paz en formación nos presenta. Por ejemplo, en el poema “insomnio” de esos años leemos:
Quedo distante de los sueños
Abandona mi frente su marea,
Avanzo entre las piedras calcinadas,
Y vuelvo a dar al cuarto que me encierra:
Aguardan los zapatos, los lazos de familia,
Los dietes de sonreír
Y la impuesta esperanza:
Mañana cantaran las sirenas.
¿Qué queda entonces, sino buscar lo trascendente? Quizá en un principio a partir de las preguntas y sólo más preguntas, luego en el esfuerzo por conectar al hombre con lo trascendente, lo que antecede al hombre y tan bien lo continúa, que puede ser el retorno a lo eterno, a las poéticas de lo erótico, lo mítico, lo onírico, la que comunica a los hombres en oposición las estéticas de un pesimismo celebratorio del superhombre Nietzscheano, quien más allá del bien y del mal, destruye más que crea para afirmarse, se rebela por rebelarse, en nombre tan solo de su voluntad, tal como indica Czeslaw Milosz en Legendas de la Modernidad, sin conexión a las consecuencias, liberando así los más terribles poderes de las fuerzas dionisiacas del mundo.
Los intereses de Paz, muestra el libro, van de la mano, más de unas cosas, pero escalar, reconstruir, negociar, intentar ver, para evitar caer en la desesperanza, para no perder la fe en el hombre en el mundo. Claro, hay un Paz universal, y hay Paz mexicano, el escritor que nunca ha dejado de ser un letrado, un poseedor de una sensibilidad adelantada, aun como la cara o la representación de un gobierno populista (de la muchedumbre) y autoritario.
El libro de Froylán Enciso, en su “epilogo para una continuación” termina en un pequeña conclusión que quizá se la más debatible, la más rica para discusión, un buen epilogo para la continuación, precisamente. Froylán escribe, refiriéndose a Octavio Paz: “Supo que lo trascendental no ocurriría de los limites de lo nacional”.
Si lo trascendental es lo político, la disputa por el poder y la repartición del mundo, es posible, aquello en Latinoamérica nunca ha ocurrido en los límites de lo nacional, pero si por lo trascendental nos referimos a aquellas cualidades de acceder a otras realidades al margen de lo aparente, a lo bello, por medio del arte --ambiciones pequeño burguesas, ciertamente-- entonces me pregunto si lo trascendental no empezaría precisamente en lo nacional, como nuevas poéticas, nuevas propuestas estéticas, como una “piedra de sol” que posteriormente vaya a ser base y al mismo tiempo “escritura de fuego sobre el jade” para fecundar a un mundo que vuelve y que necesita volver en un continuo renacimiento. Paz entonces como “el poeta” de ese valiente mundo nuevo, literario que tanto celebraría su compatriota Carlos Fuentes en años por venir. Desde su labor diplomática, desde el lugar que Froylán lo describe, creo que entrevemos la búsqueda, anticipamos los resultados.
Sunday, October 26, 2008
50 años de lo “Ríos Profundos”

A 50 años de la publicación de su principal obra y a casi 40 después de haber puesto punto final a su vida(y a su ultimo libro) de un balazo, José María Arguedas todavía suscita grandes discusiones, al menos dentro de la academia, donde su obra se constituye en el nudo de una reflexión iniciada décadas atrás de su aparición y que con él culmina en una de sus más grandes producciones, para dar lugar a lo que vendría, inclusive a la rebelión y un pretendido parricidio que en vez de borrarlo, simplemente lo afianzan en ese lugar central en la literatura latinoamericana y mundial. Si cuatro siglos después continuamos leyendo al Inca Garcilaso o a Guaman Puma para tratar de descifrarlos, para deshilvanar sus estrategias discursivas y su lenguaje hermoso y monstruoso al mismo tiempo, pues intentan lograr la armonía de dos mundos, dos lenguajes que se rechazan, que buscan eliminarse, pero que necesitan coexistir, asimismo pienso que en muchos años más continuaremos leyendo a Arguedas, cuando otros escritores del boom, quizás injustamente, hayan desaparecido. Tal como sucedió con algunos críticos de Borges, escribir de Arguedas se convertirá tal vez en una manera de salvarse.
Si estudiar Roberto Arlt o al propio Borges en el cono sur, nos posibilita entender cómo se hace un escritor en una naciente metrópoli, como éste lidia con las escasas tradiciones, con los nacientes cánones literarios y con su entorno para escribir desde un país y una región que apenas se esta haciendo, la obra de Arguedas, asimismo, en otra área cultural como la andina, posibilita otra reflexión, aparte de la propia forma del texto, cómo escribir ya no sobre lo indígena, sino escribir como un indígena podría hacerlo, sobre un mundo y unos sujetos que persisten, pero que al mismo tiempo ha sido cruzado por 500 años de reproducción de modelos culturales feudo-señoriales.
Si alguna vez me pregunté que hace a Jaime Sáenz tan especial, ahora reconozco que difícilmente existiría Sáenz sin Arguedas, aunque en un principio parezcan tan diferentes. Ambos se alimentan de las mismas reflexiones sobre literatura y sociedad, lo indígena y lo andino, hecha en los países dela área, reflexiones que a menudo se mutilan muy nacionalistamente entre lo peruano o lo boliviano sin percatarse los vasos comunicantes y la movilidad de los escritos e individuos alrededor del lago las primeras décadas del siglo XX. Tanto Arguedas como Sáenz posteriormente, encausaron esas reflexiones, de acuerdo a sus posibilidades vivenciales y expresivas y su manejo de la lengua y sus registros, hacia poderosos proyectos estéticos difíciles de desentrañar para los modelos s totalizadores como los del boom, en la literatura latinoamericana.
Pero veamos, hagamos conexiones, traigamos el texto a la discusión para que el texto nos hable, no ahora del por qué de su forma, que seria lo ideal, pero que un texto periodístico no cabe ya explicar el texto, sino acercarlo a nosotros, lectores.
Revisando “Diamantes y Pedernales” uno de los primeros proyectos de Arguedas del año 54, nos damos cuenta que su universo ya estaba constituido, al menos ese universo que poco a poco va abrirse para monstruosamente querer contar la totalidad del Perú. “Diamantes y pedernales” muestra ese universo cruzado por el poder omnímodo del Gamonal, pero en el que sin embargo transitan otros seres, mágicos, como el persona de del opa, wayrapamushca, el alter ego nómada y multiforme del escritor que aparece en muchas de sus obras, como un niño, como un pongo, o como en este caso, casi como místico fraile que recorre la montañas. A pesar de la aparente estupidez del personaje central de este cuento, su situación trashumante y su talento musical, le conceden otro nivel de conocimiento que lo emparenta con el universo mítico, rítmico y melódico de la naturaleza en el que también se inserta y del que extrae notas para componer sus canciones. Tanto el Upa como el Gamonal, a pesar de sus diferencias, de la violencia que uno u otro pueda ejercer, no son totalmente diferentes, pues lo indígena, a través de la música ha conquistado o influye en el carácter mestizo del terrateniente.
Este me parece ser uno de los aportes mas importantes de ese momento del indigenismo, advertir ya, aunque tal vez desde un determinismo geográfico, que lo indígena ya no es asunto de raza o pasado histórico, sino que los cultos han sobrevivido en el vínculo del hombre de los andes a los elementos, con la naturaleza, la montaña, el rio, los animales Situación que por otro lado, había sido expuesta anteriormente por teóricos como José Uriel García en el Nuevo Indio.
“Diamantes y pedernales” adelanta ya los ríos profundos de su novela más compleja, aunque no necesariamente la más ambiciosa. Universo fronterizo de las alturas, gigantesco en sus interconexiones. (500 pueblos, dice el cuento.) y a pesar de su grandeza, es un espacio todavía delimitado( más no aislado) por los ríos, como rumor que recorre los campos, como referentes de la verdad, de un lugar donde se logra la comunicación o ésta no llega a romperse. Más allá está la nada, un espacio infinito o desconocido, quizá la alegoría de la muerte o de la destrucción capitalista de la comunidad, de la incomunicación, puesto que las aguas que fluyen no tienen regreso. El rio, como la laguna, como un muchas obras de la literatura indigenista, es una presencia constante en la escritura de Arguedas, en la cual alcanza el mayor grado de reflexión, de reconstitución de su mitología y sus significados realistas, míticos y poéticos en el habitantes del Ande.
Ahora, mucho se ha discutido de las intenciones políticas del escritor, de sus intentos museográficos de rescatar y preservar los mitos y tradiciones de los andes que le toco vivir y en ese intento, pues dar una impresión falsificada de un área que por lo contrario, siempre esta cambiando, absorbiendo elementos del nuevo capitalismo que ingresa y donde sus sujetos son más móviles de lo que parecen. Ciertamente, el afán de rescate existe, nombrar para hacer visible, para escapar de las construcciones idealmente homogéneas del Perú. Cierto, pero su escritura es todavía más compleja, pues en muchos casos resulta críptica. A pesar de su aparente realismo, como un Rebeláis que del que difícilmente descubriremos las fuentes populares de su risa, o los referentes alegóricos a los cuales se enfrenta, Arguedas simplemente nos confronta a otro universo cultural, a otras vertientes populares que simplemente son, sin necesidad de explicarlas:
La noche del 23 de junio esos arpistas descendían por el cause de los riachuelos que caen en torrentes al rio profundo […] cada maestro arpista tiene su pak’cha secreta. Se echa, de pecho, escondido bajo los penachos de las sacuaras; algunos se cuelgan de los troncos de molle, sobre el abismo en que el torrente se precipita y llora.
La elección de la fecha no es gratuita, tampoco la presencia del molle, de las sacuaras junto a la pak’cha, la cascada, y sin embargo, el párrafo nos deja con mas preguntas que revelaciones.
En otro párrafo del cuento podemos leer:
La luna menguante no opacaba las estrellas, iba acercándose al dilo de los montes, en un extremo del cielo despejado; bajo la luz tranquila brillaban las estrellas, sin herir tanto. Nunca se funden las cosas del mundo como en esa luz. El resplandor de las estrellas llega hasta el fondo, a la materia de las cosas, a los montes y ríos, al color de los animales y flores, al corazón humano, cristalinamente; y todo está unido por ese resplandor de silencio
Aunque este párrafo nos remita a una concepción organicista del mundo, a una ideología medieval , antes que concepciones o sistemas de pensamiento indígenas, a un universo ordenado por un Dios único y masculino y cuya escritura debemos encontrarla en el libro de naturaleza, el párrafo nos revela también la intención de Arguedas de insertar al hombre en ese universo de creació estable y significante, acercarlo a una lectura de esos signos, una ilusión temporal de logro, que casi siempre devendrá en un fracaso, en una salida violenta donde el exceso, a menudo sexual, se hace presente.
Esta intención abarcadora se complementará con otras formas de contar el paisaje, ya no como un sobrevuelo, o con un anonadamiento ante lo gigantesco, lo pétreo o lo inabarcable, por lo contrario, Arguedas tratará siempre de contar de adentro hacia afuera, imitando, en muchos casos la mirada de los insectos. Entonces los animales, las plantas, las rocas, los mismo insectos ganan presencia, densidad e historia dentro de las historias de sus personajes:
Porque el acknk’aray y a phalcha florecen sobre la tierra helada, bajo los pedregales en que comienzan la nieve. […]El corazón humano se enciende al encontrarlas. Quien las descubre junto a los desiertos cegadores de nieve, vibra dulcemente y se arrodilla. Los jóvenes indios amantes las cortan en las noches de carnaval; y un líquido cristalino brota de su tallo roto.
Quiero terminar mencionando en “Diamantes y Pedernales” una característica temprana que va a ser llevada mucho más allá en posteriores obras del autor. Cuando Arguedas describe al rio, por ejemplo, dirá:
… ríos antiguos, poderosos, de corriente de acero, que han cortado los andes en su parte más alta –pedernales diamantes-hasta formar abismos a cuyas orillas el hombre tiembla, ebrio de hondura, contemplando las corriente plateadas que se van, entre bosques colgantes.
Puede ser una descripción cercana a los ríos de su infancia, y sin embargo es el comienzo, a partir de la cercana observación de las condiciones onomatopéyicas de muchas palabras del quechua, de un denodado y desesperado intento por desenredar la palabra, la entidad, para hacerla hablar desde sus sonidos, sus oposiciones y sus choques como Diamantes y Pedernales que al sonar se nos revelan. Y ahí esta lo maravilloso de Arguedas, ese ambicioso proyecto de eliminar el concepto, intentar eliminar esa separación entre objeto y lenguaje e intentar que la naturaleza se haga lenguaje y el lenguaje desprendimiento de la naturaleza. Deseo que es utopía, que a veces parece que se logra, pero como el narrador, como sus móviles personajes, es un lugar donde no podemos quedarnos, pero que leemos extasiados, con el oído también, para al terminar, pensar que a pesar de las separaciones y distancias, en ese universo nos insertamos, a ratos completos. Entonces, por unos instantes, nos queda la certeza o la sensación, que a través de los elementos hemos escuchado a Dios. Larga vida a Arguedas.